Dos meses después

viernes, 22 de abril de 2016

Me gustan los aeropuertos porque me gusta observar a la gente. Me gusta verla ir y venir. 
Unos tienen caras felices y otros caras tristes o sin expresión.
En mi caso, llegar a un lugar siempre significó estar feliz. No importa si llegaba o me iba. Aunque solo una vez, llegué triste a un aeropuerto.
Ahora estoy en el aeropuerto de Benito Juarez esperando el vuelo que sale para La Habana. 
Y obviamente, estoy feliz.

Tengo una anécdota de este viaje, pero no la voy a contar porque le paso a una prima de la amiga de la tia de la mamá de una amiga de mi amiga. Entendí que lo que pasa en los aeropuertos, se queda en los aeropuertos. Pero el que quiera escuchar esta historia que le paso a una prima de la amiga de la tia de la mamá de una amiga de mi amiga, que me escriba así se la cuento.

A veces siento que que hay cosas que no puedo escribir, o yo todavía no puedo escribir todas las cosas que quisiera escribir. Tengo un amigo que me diría "das lo que recibís y recibís lo que das. Por eso "generalmente" siempre te pasan cosas lindas o le ves primero el lado positivo a las cosas. Por eso también, tenés experiencias con gente que tiene buena onda, mucha energía y principalmente... atraes gente buena".

Lo que pasa en los aeropuertos.... se queda en los aeropuertos.





Me cuesta escribir un poco sobre Cuba (y por eso quizás tardé un poco en escribir este post) porque me hubiera gustado quedarme más tiempo del que me quedé y todavía me siento mal por eso.

Al llegar a Cuba me sentí feliz (como cada vez que me pasa cuando llego a un aeropuerto). 
Sabía que iba a ser un lugar de esos que es dificil olvidar.

Un chico de traje con un cartel que decía mi nombre y apellido me estaba esperando. Me ayudó con mi mochila y fuimos hasta su taxi. Sin decirle nada me senté adelante, abrió su puerta, se rió y me dijo: "me llamo Yunior" (si! Yunior con Y").
- Hola Yunior soy Belén. Perdón pero no me quiero sentar atras.
- No hay problema - dijo Yunior - Me encanta que vengas adelante.






   

Yunior me hizo 58 mil preguntas, me dijo que era linda otras 58 mil veces, me dió consejos y a cada rato me miraba y se reía. Creo que le gustó que me sentara adelante y fuera su copiloto.
En un semáforo paramos al lado de otro taxi que llevaba a una pareja. El conductor (que conocía a Yunior) me dijo que tenía ojos lindos. El semáforo se puso en verde y avanzamos. En el siguiente semáforo también paró al lado nuestro y me dijo que se admiraba por mi belleza (bue). El semáforo se puso en verde y avanzamos. En el siguiente semáforo también paró al lado nuestro y yo justo estaba anotando una dirección. Yunior aprovechó la ocasión para mentirle al otro taxista y decirle que yo estaba anotando su teléfono. Semáforo en verde. Avanzamos. 
En el último semáforo me dijo:
- Para resumir, porque mi viaje se desvía y no puedo perseguirte por toda la ciudad. Quiero que sepas que tu eres linda. Eres un conjunto de cosas bellas.
Sonreímos juntos y lo perdí de vista.










Ya me habían advertido de que absolutamente TODOS los cubanos se iban a enamorar. Pero no de mi, ni de mis ojos, sino de mi VISA.

Yunior llegó al departamento de casas de familia que con Vale habíamos reservado y sutilmente se invitó a pasar para "hacerme compañia".
- No. Gracias Yunior - le dije. Y nunca más lo volví a ver. Y si... era lindo ese cubano.

Golpié la puerta y Vale contestó con un "no hay nadie!". 
Abrió la puerta y no podía creer estar ahí con ella. Ya al primer segundo de llegar estaba lamentando tener que quedarme tan pocos días con ella.






  

A las dos horas de estar recorriendo La Habana y que cada 5 minutos, absolutamente todos los cubanos paren para decirte lo buena y linda que estás, ya no resultaba gracioso como al principio. Los primeros 15 minutos es genial, te reís y te sube un poco el autoestima y bla bla bla... pero después de eso ya no querés escuchar a nadie.











Hubo una noche que con Vale estábamos buscando un bar para tomar algo. Las calles son muy oscuras y a simple vista parece como si te fuera a pasar algo malo y que es un lugar peligroso. Pero no es asi. La gente andaba por la calle como si nada. En lugar de pensar "Uf, que estos dos que vienen ahi no me roben" lo único que se te viene a la mente es: "A ver qué me van a decir ahora?".








Y así, es todo el tiempo. Los cubanos quieren irse de Cuba y la única opción que tienen es casarse con una extranjera y asi cumplir su sueño de irse. No es que nosotras les rompimos el corazón. Como dije antes - Solo están enamorados de mi Visa-.







Un día, en las puertas de la Universidad conocimos a una cubana (no me acuerdo su nombre ahora, pero lo tengo anotado en alguna libretita de ese viaje). Ella estaba "yendo a la Universidad supuestamente", a repasar para un final. Hablamos mucho con ella y terminamos haciendo un mini tour por la Universidad, fuimos a un bar histórico de La Habana y nos hizo probar un Negroni (Ron, cola, limón, albahaca y miel). Al dar el primer sorbo al trago nos dimos cuenta de que no habíamos desayunado asi que para que no nos caiga tan mal aprovechamos a comernos un plato típico de la casa.










Seguimos recorriendo la zona de Vedado y Habana Centro. Nos metimos por un pasillito, subimos escaleras, pasillito más chiquito y terminamos en una casa comprando habanos. Buscamos casas de cambios para poder cambiar CUC y volver al bar a pagar nuestro "desayuno/almuerzo" que no habíamos pagado porque no nos había alcanzado la plata. La encargada nos dijo que estaba todo bien y que volviéramos más tarde a pagarlo.
Nos despedimos de nuestra amiga cubana hacia direcciones contrarias. Ahí nos dimos cuenta de que en realidad ella nunca iba a ir a la Universidad, sino que solo estaba buscando extranjeros para hacer un mini tour, invitarle una comida, comprar habanos en donde a ella le dan una comisión y un bono de leche para su hija... en fin, buscar una oportunidad para sacar algo de dinero. Pero bueno, la verdad es que pasamos una linda mañana y conocimos lugares que nunca hubíeramos llegado sino hubiera sido por ella.

En La Habana te despistas dos segundos y te pasan por arriba con el tema plata. Hay que estar super atentos y regatear absolutamente todo.






Ya se acercaba el día en que me tenía que volver. Me sentía mal. Me quería quedar.
Pasamos un día en las playas del este y me daban más ganas de quedarme y seguir recorriendo con Vale. Algún otro viaje seguro que nos encontrará juntas.

Obviamente voy a seguir contando más de este viaje... porque a pesar de haber estado pocos días, todavía hay mucho para contar. :)







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