La escala más linda. Parte 1

martes, 22 de septiembre de 2015

17 de Septiembre, 2015
08.00 AM. Vuelo Buenos Aires - México

Subir a un avión y esperar a que agarre velocidad, para que lentamente comienze su vuelo es una de las cosas que más me gusta de volar. En ese corto lapso de tiempo en donde todo parace ir a máxima velocidad, es donde dentro de mi cabeza no dejan de pasar imágenes, una atrás de la otra. No se me olvida nadie. Todas las personas que quiero pasan delante de mis ojos. Unos segundos antes de emprender el vuelo se cae una lágrima y una vez en el aire, una sonrisa se deja ver.



En el avión no hay nada de pasajeros y absolutamente las 28 o 30 filas de asientos con sus 3 butacas se convierten en camas para todos (aparentemente nadie viaja a Venezuela).
Creo que falta poco para llegar a Caracas. No tengo reloj y obviamente tampoco celular. Se que para muchos esta situación no seria aceptable, pero a mi este estado me genera una tranquilidad y una desconección que me encanta y me hace bien.

Durante el vuelo conocí a una señora venezolana que viajaba junto a su marido, pero el señor estaba algo anojado porque su mujer había estado recorriendo el free shop un largo tiempo. Al final no entendí si ella se compró el Iphone nuevo o no, pero nos pusimos a hablar sobre lo que podía (y principalmente, lo que no podía) hacer en Caracas.
Me hizo una breve introducción sobre los valores del dolar: 1 USD eran $7 bolívares, pero si los cambiaba en negro el valor del cambio se iba a $700 bolívares. Nunca lo voy a terminar de comprender jaja, pero supuestamente con esa plata me iba en taxi a la playa, pagaba la entrada a un balneario privado, almorzaba un rico pescado y volvía al aeropuerto en taxi.
No me llamaba para nada la atención eso de ir a una playa privada y encima tener que pagar. Pero visto y conciderando que nadie me habló bien de Venezuela, por esta vez quizás podía hacer la excepción.




La emperatura esperada para este día es de aproximadamente 30°, pero quizás haya algo de tormenta por la noche. El sol comienza a caer a eso de las 18 hs, pero tengo ganas de pisar un ratito la arena y volver al aeropuerto temprano asi no me agarra la noche.
Aterrizé 13 hs y ya había empezado el veranito para mí a partir de ese momento.
Pero bueno, como verán, cero playa.







Esos hombresitos de ahí abajo son mis nuevos amigos. En realidad ellos son los que obviamente iniciaron la amistad. Me atajaron ni bien salí de migraciones, querían llevar mis maletas en sus carritos difíciles de manejar. Insistían en acompañarme a todos lados, hasta el baño!! que yo vaya, haga lo que tenga que hacer y ellos me esperarían fuera con todo mi equipaje. Obviamente no iba a dejar que pase eso y me lleve el carrito al baño. Tarde mucho más de lo habitual y cuando salí, el hombresito azul, me estaba esperando. El interés era obvio y más simple que toda la película que me había hecho: quería que yo cambie mis dolares con el, solo eso.
Me paseó por todo el aeropuerto, yo no entendía por qué no podia llevar yo mi equipaje. Me senté en un banquito del Subway y ahi me pidio una propina, pero se llevaría el carrito.
No le di nada y se enojó aun más cuando le dije que no iba a venderle mis dolares.


Al ratito subieron dos hombresitos azules, mucho más jóvenes que el viejito anterior y más buena onda. Me pidieron perdón por la situación anterior y me dijeron que ellos eran buena gente y que por pocos dólares podían hacerme un mini tour por la playa.

Para ese entonces, yo ya había iniciado conversación con Harianny, una venezolana hermosa que me prestó su celular para avisar a mi familia que había llegado bien a Caracas. Y para que se quedaran tranquilos, porque al no haber lockers en este aeropuerto, no podía dejar mis cosas y salir un rato a la playa. Ademas, de las 6 personas locales que conocí, ninguna me dijo nada bueno de Venezuela y que no salga de ahí.
Ahora si comenzaría mi mini estadía de 16 hs sentada en un banco de Subway del aeropuerto de Caracas, Venezuela.

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viernes, 11 de septiembre de 2015

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.

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