Perdete sin miedo

domingo, 13 de diciembre de 2015

Caminá, caminá, caminá. Gastate los pies recorriendo calles nuevas. Perdete sin miedo. Hablá con desconocidos, escuchá todas las historias, hacé todas las preguntas. Comé solo, comé en pelotas, comé sin prisa, comé de camino. Comé allá lo que nunca vas a comer acá. Lo caro y lo barato, lo verde y lo rojo, lo duro y lo espeso. Exprimí cada día y cada noche. Emborrachate al menos una vez en cada ciudad. Probá todo lo que no te mate. Hacé el ridículo. Enamorate por un par de días. Amá en otro idioma. Hablá en lenguas. Tocá la gloria.

Viajá con humildad, que es lo que garantiza la capacidad de asombro. Asombrate de lo épico y de lo simple, de lo extraordinario y de lo mundano. Asombrate de los olores, de los colores, de la naturaleza y de lo que la gente hace con la naturaleza. Asombrate del arte, del caos, del futuro y del pasado, de lo exquisito y lo repugnante. Aprendé sin soberbia y dejate arrollar una y otra vez por el asombro, que es lo que hidrata al alma y el cerebro. Que “viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”, escribió Twain en sus crónicas. “Nadie adquiere una visión amplia, saludable y generosa si se queda en una esquina de la Tierra toda su vida”, remataba.


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