Los olores

viernes, 16 de octubre de 2015

Es impresionante cómo un aroma puede traerme un sin fin de recuerdos. En menos de 2 segundos se me infle el pecho y tenga el impulso de escribir. Hace exactamente 30 palabras antes, me estaba pasando esto con mi te de manzanilla.
Me pasa muchas veces con el tuco, el comino, la pastafrola y el aceite de oliva.
Este donde este me hacen viajar y me transportan a años, lugares o personas diferentes.
Me gustan los olores. Me gusta recordar a alguien cuando siento un olor. Me gusta la sensación que provocan pero que no sabría bien cómo explicarlas.

Quizás te olvides del cumpleaños de tu abuela. Pero del aroma a tuco de los domingos nunca te olvidas.
Un te de manzanilla lo puedo tomar como cualquier otro te, pero cuando me lo llevo a la boca y siento la hierba, solo una cosa se me viene a la cabeza: el ritual que implicaba hacer y tomar ese te.
Hay un aceite de oliva en particular que me lleva hasta Barcelona en una milésima de segundos. Hay una yerba de naranja que no me gusta mucho pero si alguien me da un mate con esa yerba me acuerdo de un novio que tuve.
Si algo tiene comino me acuerdo de Inés.

Después de estar pensando en aromas mientras escribo esto y tomo mi te, me imagino mordiendo la pastafrola de mi mamá. Y se los juro, que siento en mi boca la textura suave de su masa y el olorsito a membrillo.

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